Hernández Rodríguez, G.. Cese de la
actividad profesional y preparación para la jubilación. Cuadernos de Relaciones Laborales, Norteamérica, 27, feb. 2010. Disponible en: <http://revistas.ucm.es/index.php/CRLA/article/view/CRLA0909220063A/32229>. Fecha de acceso: 12 oct. 2014.
PERCEPCIÓN DE LA JUBILACIÓN.
Desde el punto de vista social y profesional, la jubilación
es la situación a la que pueden acceder las personas que, atendida la circunstancia
de la edad, cesaron voluntaria o forzosamente en su trabajo profesional por
cuenta ajena o por cuenta propia; es el término del desempeño de tareas
laborales remuneradas, a causa de la edad. Cada país establece el momento
cronológico de la vida en que se produce la jubilación.
La jubilación supone, de forma automática, una disminución
de los ingresos y un aumento del aislamiento social; pérdidas económicas y pérdida
de status. La jubilación, de hecho, implica la interrupción de la vida laboral,
el replanteamiento de la vida familiar, la disponibilidad de más tiempo libre,
la necesidad de ocupar el abundante ocio, la reducción (la mayoría de las
veces) del poder adquisitivo por ser –generalmente- las pensiones de menos
cuantía que los ingresos habituales. Pero también supone la posibilidad de
dedicarse a actividades diferentes, de recuperar el tiempo a compartir con el
cónyuge y el resto de la familia, la perspectiva de hacer cosas que siempre se
han querido hacer y para las que antes no se encontraba la oportunidad o el
momento, de gestionar adecuadamente el tiempo libre y el ocio, haciendo que
éste sea creativo.
La reacción a la jubilación, varía de un sujeto a otro,
dependiendo también de sus condiciones sociales. En la adaptación de estas
personas a la nueva situación, Havinghurst (1964) distingue dos etapas. La
primera etapa, dominan los sentimientos de frustración y ansiedad, y pocos son
los sujetos que se alegran de ella. En la segunda etapa, la persona trata de
buscar ansiosamente un nuevo rol encontrado. Los factores que influyen en este
proceso son el estado de salud mental, la autonomía económica, su integración
social y la amplitud de intereses.
De entre dos personas de la misma edad, de las cuales una
siga desempeñando una actividad laboral remunerada y otra que se encuentre ya
jubilada, el trato social es muy diferente, la primera será un adulto capaz de
valerse por sí mismo, alguien que sigue produciendo, aportando a la sociedad,
mientras que la segunda pasa a ser un individuo ajeno al desarrollo
socioeconómico, dependiente, perceptor de una pensión y beneficiario de la
asistencia social.
En este tipo de sociedad, quizá no se caiga en la cuenta
muchas veces de que el grado de progreso y desarrollo alcanzado se debe,
precisamente y en gran medida, al esfuerzo, los saberes y el trabajo de quienes
han alcanzado la edad de la jubilación –y de otros que no llegaron a ella-. Y a
los que corresponde, en justicia, ser acreedores de los beneficios y la
consideración sociales debido a su innegable y prolongada aportación.
Tras la jubilación la persona tiene que replantearse toda su
vida, organizarse de nuevo el tiempo, ajustarse a una situación económica
difícil y establecer unas nuevas relaciones familiares. La frialdad de las
estadísticas dice que un porcentaje significativo de los varones muere en el
transcurso de su primer año de retiro. Hay también personas que viven
gozosamente su jubilación y que sacan un enorme partido a estos años de vida,
disfrutando de todo cuanto está a su alcance y sin sentimiento alguno de
culpabilidad o inutilidad. La lucha por la vida no termina con la jubilación,
sino con la muerte. Para lograr lo que uno desea en la vida, hace falta
esforzarse. El papel de jubilado no es sencillo. Hemos fabricado demasiados
prejuicios y estereotipos sobre él. La falta de obligaciones le proporcionará
una gran libertad.
Por lo tanto, debemos evitar los prejuicios y estereotipos
que ven la jubilación como algo negativo, ya que es un acontecimiento muy
importante en la vida de una persona, debido a que supone muchos cambios en su estilo
de vida y la forma de concebirlo va a afectar de una manera directa a su forma
de afrontarlo. Hay que verlo como otra etapa más en la que tenemos más tiempo
para poder disfrutar de las cosas que nos llenan.
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