Trigás-Ferrín M, Ferreira-González L, Meijide-Míguez H.
Escalas de valoración funcional en el anciano. Rev
Galicia Clin 2011; 72 (1): 11-16.
Esta bibliografía
desarrolla a groso modo la esfera funcional de la valoración geriátrica integral,
la cual resulta elemental para diseñar tratamientos integrales y planes de
cuidados adaptados a las condiciones individuales de los pacientes.
El objetivo de las
escalas de valoración funcional es determinar la capacidad de una persona para
realizar las actividades de la vida diaria de forma independiente. Las
actividades básicas de la vida diaria (ABVD) estiman los niveles funcionales
más elementales, a través del Índice de Katz (IK) y del Índice de Barthel (IB).
Las actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD) estiman aquellas
funciones que provienen de la relación con el entorno, a través de la Escala de
Lawton y Brody (ELB).
El IK valora el grado de dependencia o independencia
basándose en funciones básicas: baño, vestido, uso del retrete, movilidad,
continencia y alimentación. Se considera independiente, a una persona que no
necesita ayuda de ningún tipo y dependiente, a aquella que precisa ayuda de
otra persona. Es útil a nivel geriátrico y paliativo, con la cualidad de predecir:
la mortalidad, la necesidad de institucionalización, el tiempo de estancia en
pacientes ingresados y la expectativa de vida activa. Se
ha utilizado para la valoración de muchas enfermedades crónicas. El IB evalúa la
capacidad de una persona para realizar de forma dependiente o independiente actividades
básicas de la vida diaria como la capacidad de comer, realizar el aseo
personal, desplazarse, mantener el control intestinal etc. Es utilizada en los
servicios de geriatría y de rehabilitación, siendo también buen predictor en
los diferentes ámbitos citados anteriormente. Se emplea para la valoración de
pacientes con enfermedad cerebrovascular aguda. No existen datos que confirmen
cuál escala es mejor, ya que no se han encontrado diferencias en la clasificación
de dependencia. Sin embargo, el IB puede ser más exhausto al presentar mayor
sensibilidad y al describir mayor número de funciones.
La ELB valora la
capacidad funcional a través de diferentes aspectos de AIVD como la capacidad para
utilizar el teléfono, para preparar la comida, para la utilización del transporte,
etc. Se desarrolla en las unidades de geriatría implantando un plan terapéutico
a nivel de los cuidados diarios de los pacientes, docente e investigador. La
objeción principal es la complicada evaluación de las actividades instrumentales
en pacientes institucionalizados debido a las limitaciones impuestas por el
entorno social característico del centro.
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