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martes, 14 de octubre de 2014

Bibliografía Valoración integral. PQN

Rubenstein L. Evaluación Geriátrica Integral: evidencia de su importancia y utilidad. Medwave 2005 [acceso en: 14.10.2014]; 5(1): e666. Citado en: http://www.medwave.cl/link.cgi/Medwave/PuestaDia/Congresos/666

EVIDENCIA DE LA IMPORTANCIA Y UTILIDAD DE LA VALORACIÓN GERIÁTRICA INTEGRAL.
   
   En los veinte últimos años se ha avanzado mucho en la definición de la evaluación geriátrica integral y en el desarrollo de sus componentes (médico, funcional, mental y social), así como de los instrumentos necesarios para medir la fragilidad en los individuos mayores, documentar la efectividad de la evaluación geriátrica y determinar cuáles pacientes serán los más beneficiados. Múltiples estudios clínicos aleatorios y controlados demuestran la eficacia de la evaluación geriátrica y de los sistemas de seguimiento Es considerada como la nueva tecnolofía de la geriatría, que se define como un proceso de diagnóstico multidimensional, interdisciplinario, dirigido a identificar las necesidades del adulto mayor frágil y el plan de cuidado para mejorar su estado.

   Los objetivos de la evaluación geriátrica son, en primer lugar, mejorar la precisión diagnóstica, con el fin de optimizar el tratamiento y mejorar los resultados de la intervención médica, en términos de elevar la calidad de vida y el estado funcional. Otros objetivos, orientados en el mismo sentido, son optimizar la vivienda, reducir al mínimo el uso innecesario de servicios, reducir costos y planificar el manejo de casos a largo plazo.

   La importancia de la evaluación geriátrica radica en que muchas enfermedades y discapacidades tratables, pero no detectadas, aquejan a los adultos mayores, a quienes a menudo se interna de manera prematura en casas de reposo o son sometidos a sistemas de rehabilitación indebidos. Además, con frecuencia consumen medicamentos en forma excesiva o padecen enfermedades iatrogénicas. La evaluación geriátrica mejora todos los resultados de la acción médica.
Los programas de evaluación geriátrica aumentan la precisión diagnóstica, funcionalidad física, afectividad y cognición de los pacientes y, a la vez, reducen la necesidad de medicamentos, los costos, tasas de mortalidad y frecuencia de ingreso a asilos y hospitales. Todos los estudios publicados demuestran algunos de estos beneficios, en distintas combinaciones.

   En 1993 se publicó en Lancet un metaanálisis de 28 estudios clínicos aleatorios sobre la eficacia de la caloración geriátrica integral, de icnco tipos diferentes según el lugar y forma en que se hizo el estudio (intrahospitalario, evaluación domiciliaria, seguimiento después del alta...). Se evaluaron los resultados en cuato a mortalidad, retorno al domicilio durante el seguimiento, mejoría dle estado funcional y de la congnición, y reducción de las hospitalizaciones.

   El análisis de todos los programas combinados demostró una reducción de 18% del riesgo de morir y un aumento de 25% de la probabilidad de vivir en casa; además, la cognición mejoró en forma significativa en todos los programas y hubo una reducción de 12% en los días de hospitalización. Algunos tipos de estudio tuvieron mejores resultados que otros; el impacto de las unidades que trabajaron con pacientes internos tendió a ser mayor, ninguno de los estudios con pacientes ambulatorios tuvo efectos significativos. La conclusión es muy clara: los programas pueden entregar grandes beneficios a la población. 

   Se han publicado muchos estudios clínicos con los resultados de diversos programas de evaluación geriátrica en escala hospitalaria; en la mayoría de ellos se encontraron beneficios significativos y los que no los encontraron generalmente fueron equipos que trabajaban en la consulta, que daban menos protección y cuyas intervenciones eran menos intensas.
Se han publicado estudios con resultados negativos que no demostraron mayores beneficios, excepto en algo de funcionalidad. Es probable que estos resultados se deban al tamaño insuficiente de la muestra o a que el estudio no se realizó en la población debida, o a que las mediciones fueron deficientes, o bien, a que el sistema de evaluación recomendado no se implementó, por falta de recursos o de adhesión, de modo que la intervención en sí fue débil o no se realizó un seguimiento adecuado. 


   Valorando positivamente la eficacia de éste método según diferentes estudios nos deberíamos preguntar por qué a la hora de la práctica no se lleva a cabo, quizás porque requiere un poco de más tiempo a la hora de la consulta, pero creo que habría que dejar a un lado el camino fácil, que es atender los problemas que la persona demanda y valorarla integralmente, ya que los beneficios (reducción de la mortalidad, de la hospitalización, mejoría del estado de salud de los pacientes…) son evidentes.

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