Bibliografía 3: Cese de la actividad profesional y
preparación para la jubilación
Una de las consecuencias más significativas del
envejecimiento es la jubilación, una etapa para la que muchas personas no están
preparadas y que tiene diferentes repercusiones a distintos niveles de la vida
del individuo y las personas que la rodean.
La jubilación es el término del desempeño de tareas laborales
remuneradas, a causa de la edad. Como norma general se considera que una
persona se debe jubilar una vez alcanzados los 60-65 años. La palabra jubilación
puede connotar diferentes significados en función que la persona que la
interpreta, puede ser vivida como una etapa de júbilo y alegría, o por el
contrario, como una situación en la que las personas han terminado su vida
activa laboral y económica.
Dentro de los estereotipos y mitos que entraña la jubilación
encontramos:
·
Los mayores son considerados como cargas
económicas y sociales.
·
Son personas improductivas, identificando así su
inactividad laboral con la inactividad en otras áreas de la vida.
Siendo ambos totalmente falsos, pues las pensiones no
conllevan una pérdida del bienestar futuro de la población general, y además
son un derecho resultado del esfuerzo realizado durante años de trabajo. En
cuanto a la inactividad, las personas de la tercera edad no tienen por qué
dejar de ejercer su trabajo, y en el caso de tomar esta opción pueden realizar
un amplio abanico de actividades con muchas posibilidades.
Sí que es verdad que la jubilación, en muchos de los casos,
supone una disminución de los ingresos y
la reducción del poder adquisitivo, que implica la interrupción de la vida
laboral y un posible vacío social y personal, pero también supone la
posibilidad de dedicarse a actividades diferentes, cosas que siempre se han
querido hacer (actividades gratificantes y motivadoras que ayuden a superar
estados anímicos bajos o depresivos) y pasar más tiempo con la familia y amigos
(fortalecer relaciones sociales).
Tradicionalmente se viene identificando la ancianidad con la
jubilación, pero en la actualidad las personas llegan a esta etapa con un mejor
estado físico y mental, debido al aumento en la calidad de vida, lo que implica una ancianidad decretada con las
repercusiones emocionales, económicas, sociales, de ocupación del tiempo libre,
de identidad y sexuales que ello conlleva. Con esta ancianidad decretada la
sociedad pierde, a su vez, el concurso valioso de muchas personas capacitadas y
aptas para el desempeño de su actividad profesional en los campos de la
docencia, la investigación y la creatividad. Además, en una sociedad
caracterizada por el culto a la eficacia y la productividad, se tiende a marginar
a las personas consideradas económicamente no activas y, por tanto,
improductivas, añadiendo mayor estigma a las personas jubiladas. Nuestra
sociedad aún tiene que superar el reto de abandonar esta estigmatización a las
personas jubiladas, y facilitar su integración y reconocimiento.
Las actitudes iniciales ante la jubilación son ambivalentes.
Tras la jubilación la persona tiene que replantearse toda su vida, organizarse
de nuevo el tiempo, ajustarse a una situación económica difícil y establecer
unas nuevas relaciones familiares (como ya hemos mencionado), lo que unos
pueden esperar con ansiedad e impaciencia, y por el contrario otros ser
reticentes al cambio. La sociedad por su parte debe facilitar la adaptación a
esta etapa con la implantación y difusión de cursos de preparación a la
jubilación, invertir en ellos es “humanamente rentable”, aunque no se considere
“económicamente productivo”.
Para finalizar, creo que es interesante hablar sobre la
preparación que debería llevarse a cabo para facilitar la adaptación. La
jubilación, como venimos hablando, conlleva cambios en la vida de las personas,
y la falta de adaptación a dichos cambios pueden conducir a la pasividad,
soledad, angustia, aburrimiento y carencia de expectativas. Para hacer frente a
esto, las personas deben mentalizarse y prepararse con suficiente antelación, para
ello deberían realizarse programas dirigidos a apoyar en la transición de la persona hacía la nueva etapa, orientar en aquellos aspectos que
pueden ser más interesantes y primordiales en esta nueva etapa, crear una actitud positiva hacia
la nueva etapa y animar a
mantener e incluso mejorar la identidad personal desarrollada a lo largo de la
vida.
En España, estos últimos años, gracias a diferentes
instituciones y asociaciones se han venido realizando algunos cursos y programas
de preparación y adaptación, pero aún nos queda mucho camino por recorrer en la
preparación a la jubilación y en la concienciación y desestigmatización de esta
preciosa etapa que todos deberíamos vivir con júbilo y alegría, porque como
todos sabemos “es tiempo de no hacer
nada, o de hacerlo todo”.
Bibliografía
Hernández G. Cese de la actividad profesional y
preparación para la jubilación. Cuadernos de relaciones laborales [revista en
internet] 2010 (acceso el 1 de octubre de 2014); 28(1). Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3148433
Patricia Palacios Carretero.

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