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miércoles, 8 de octubre de 2014

Bibliografía 5: Cuidado informal. Patricia Palacios Carretero.

Bibliografía 4: CUIDADO INFORMAL, UN RETO ASUMIDO POR LA MUJER.


Como todos sabemos la familia es el primer núcleo que proporciona cuidados en situaciones de dependencia, siendo la mujer (cónyuge o hija) las mayores productoras de cuidados, de forma invisible y continua. Esta situación presenta una inequidad de género en el cuidado informal, pues como y he mencionado la mujer es la principal fuente de cuidados.
La mujer, a la que desde tiempos antiquísimos se le atribuye el rol de cuidadora, asume la continuidad del cuidado de la salud en el hogar de forma inequitativa. Al aumentar la longevidad y la esperanza de vida, la demanda de cuidados se ha visto incrementada también. Esto sitúa a las mujeres como grupo vulnerable, un grupo que tiene derecho a una mejor calidad de vida, a una disminución de la sobrecarga en su papel como cuidadoras y una disminución del riesgo de empeorar su salud, riesgo que tienen por el hecho de cuidar y en la mayoría de los casos abandonarse.
El cuidar es un acto inherente a la vida, existe desde el comienzo de la vida y como todos los seres vivos, el humano ha tenido siempre la necesidad de ser cuidado. El envejecimiento poblacional, los cambios demográficos, el incremento de la longevidad, etc., tienen un impacto en la solicitud del cuidado y modifican la demanda en salud. Actualmente y desde que el mundo es mundo, la familia es la mayor prestadora de atención de salud, donde un miembro asume el rol de cuidador principal en caso de discapacidades o limitación. Factores sociales, educativos, laborales y de poder han sido determinantes en la perpetuación del rol de cuidadora asumido por la mujer. Ya que el aporte económico de la mujer ha sido subestimado, que existe una conciencia colectiva cultural que establece la vinculación del "cuidado" a algo maternal, no es de extrañar la falta de reconocimiento que existe del cuidado informal. Esto debe hacernos reflexionar en el contexto del derecho y el deber cuidar, en el de justicia de oportunidades y valorización del trabajo, en el concepto de desventajas entre hombres y mujeres, evaluando la distribución del poder, recursos y responsabilidades. Debería cambiar el protagonismo inequitativo por un nuevo enfoque participativo, cultural, social neutro e imparcial del cuidado compartido que involucrara a todos. Aún no existen intervenciones efectivas que produzcan transformaciones educativas y culturales de los derechos sociales y laborales de la mujer; ni acciones que compatibilicen la responsabilidad familiar y la del Estado; ni reconocimientos mediante contratos de trabajo y seguros de dependencia, ni creación de programas a las/os cuidadoras/res, ni asignación de recursos económicos acorde a las reales necesidades del cuidado.
En la experiencia del cuidado, se ha demostrado que la convivencia diaria con un adulto dependiente tiene un impacto en la vida cotidiana de las personas y familias que realizan la labor de cuidar: afecta a la calidad de vida, el sueño, descanso, actividad social, emocional, económica y laboral. Los cuidadores deben concienciarse de la importancia del autocuidado. Como decía Orem: “el autocuidado y el sistema enfermero a través de acciones de educación y promoción en la vida diaria para fortalecer el autoconcepto, mantener la motivación por sí y para sí mismo”. Debemos concienciar de la importancia del autocuidado, pues para cuidar primero debemos cuidarnos.

Para finalizar y como conclusión recalcar que hay un desplazamiento de cuidados cada vez más complejos hacia el sistema informal, los servicios formales participan de manera minoritaria en el cuidado de las personas dependientes que viven en la comunidad, esta situación nos lleva a un desafío de intervención y apoyo de enfermería en las acciones de educación, prevención y fomento del autocuidado. El cuidado informal, entendido como una extensión del cuidado de la salud en personas dependientes, requiere que se establezca un programa dirigido a las cuidadoras(es) dentro de las políticas del Estado con enfoque de género (al ser realizado en su mayoría por mujeres) que evite el impacto negativo que el cuidar tiene en la salud del cuidador. Debemos realizar intervenciones de enfermería en el cuidado del individuo y de la familia, proporcionando conocimiento y habilidades para afrontar el cuidado en las mejores condiciones posibles; técnicas de relajación, manejo de estrés, organización del tiempo y estrategias para compartir el cuidado con otros miembros de la familia. Promover un entorno mental, físico, espiritual, de soporte de protección y recuperación, dado con la creación de asesorías domiciliarias con un grupo interdisciplinario asignado a las cuidadoras. Y por último fomentar la incorporación del hombre en el trabajo doméstico y en el rol del cuidador, que tendrá resultados reflejados en una dinámica familiar de igualdad y respeto en la socialización de los hijos.

Bibliografía

Vaquiro S, Stiepovich J. Cuidado informal, un reto asumido por la mujer . Cienc. enferm.  [revista en Internet]. 2010  Agosto. [acceso  8 de octubre de 2014]; 16(2): 17-24. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-95532010000200002&script=sci_arttext


Patricia Palacios Carretero

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