Bibliografía 4: CUIDADO INFORMAL, UN RETO ASUMIDO POR LA
MUJER.
Como todos sabemos la familia es el primer núcleo que
proporciona cuidados en situaciones de dependencia, siendo la mujer (cónyuge o
hija) las mayores productoras de cuidados, de forma invisible y continua. Esta
situación presenta una inequidad de género en el cuidado informal, pues como y
he mencionado la mujer es la principal fuente de cuidados.
La mujer, a la que desde tiempos antiquísimos se le atribuye
el rol de cuidadora, asume la continuidad del cuidado de la salud en el hogar
de forma inequitativa. Al aumentar la longevidad y la esperanza de vida, la
demanda de cuidados se ha visto incrementada también. Esto sitúa a las mujeres
como grupo vulnerable, un grupo que tiene derecho a una mejor calidad de vida,
a una disminución de la sobrecarga en su papel como cuidadoras y una
disminución del riesgo de empeorar su salud, riesgo que tienen por el hecho de
cuidar y en la mayoría de los casos abandonarse.
El cuidar es un acto inherente a la vida, existe desde el
comienzo de la vida y como todos los seres vivos, el humano ha tenido siempre
la necesidad de ser cuidado. El envejecimiento poblacional, los cambios
demográficos, el incremento de la longevidad, etc., tienen un impacto en la
solicitud del cuidado y modifican la demanda en salud. Actualmente y desde que
el mundo es mundo, la familia es la mayor prestadora de atención de salud,
donde un miembro asume el rol de cuidador principal en caso de discapacidades o
limitación. Factores sociales, educativos, laborales y de poder han sido
determinantes en la perpetuación del rol de cuidadora asumido por la mujer. Ya
que el aporte económico de la mujer ha sido subestimado, que existe una
conciencia colectiva cultural que establece la vinculación del
"cuidado" a algo maternal, no es de extrañar la falta de reconocimiento
que existe del cuidado informal. Esto debe hacernos reflexionar en el contexto
del derecho y el deber cuidar, en el de justicia de oportunidades y
valorización del trabajo, en el concepto de desventajas entre hombres y mujeres,
evaluando la distribución del poder, recursos y responsabilidades. Debería cambiar
el protagonismo inequitativo por un nuevo enfoque participativo, cultural,
social neutro e imparcial del cuidado compartido que involucrara a todos. Aún
no existen intervenciones efectivas que produzcan transformaciones educativas y
culturales de los derechos sociales y laborales de la mujer; ni acciones que
compatibilicen la responsabilidad familiar y la del Estado; ni reconocimientos
mediante contratos de trabajo y seguros de dependencia, ni creación de
programas a las/os cuidadoras/res, ni asignación de recursos económicos acorde
a las reales necesidades del cuidado.
En la experiencia del cuidado, se ha demostrado que la
convivencia diaria con un adulto dependiente tiene un impacto en la vida
cotidiana de las personas y familias que realizan la labor de cuidar: afecta a
la calidad de vida, el sueño, descanso, actividad social, emocional, económica
y laboral. Los cuidadores deben concienciarse de la importancia del autocuidado.
Como decía Orem: “el autocuidado y el sistema enfermero a
través de acciones de educación y promoción en la vida diaria para fortalecer
el autoconcepto, mantener la motivación por sí y para sí mismo”. Debemos
concienciar de la importancia del autocuidado, pues para cuidar primero debemos
cuidarnos.
Para finalizar y como conclusión recalcar que hay un
desplazamiento de cuidados cada vez más complejos hacia el sistema informal, los
servicios formales participan de manera minoritaria en el cuidado de las
personas dependientes que viven en la comunidad, esta situación nos lleva a un
desafío de intervención y apoyo de enfermería en las acciones de educación,
prevención y fomento del autocuidado. El cuidado informal, entendido como una
extensión del cuidado de la salud en personas dependientes, requiere que se
establezca un programa dirigido a las cuidadoras(es) dentro de las políticas del
Estado con enfoque de género (al ser realizado en su mayoría por mujeres) que evite
el impacto negativo que el cuidar tiene en la salud del cuidador. Debemos realizar
intervenciones de enfermería en el cuidado del individuo y de la familia,
proporcionando conocimiento y habilidades para afrontar el cuidado en las
mejores condiciones posibles; técnicas de relajación, manejo de estrés,
organización del tiempo y estrategias para compartir el cuidado con otros
miembros de la familia. Promover un entorno mental, físico, espiritual, de
soporte de protección y recuperación, dado con la creación de asesorías
domiciliarias con un grupo interdisciplinario asignado a las cuidadoras. Y por
último fomentar la incorporación del hombre en el trabajo doméstico y en el rol
del cuidador, que tendrá resultados reflejados en una dinámica familiar de igualdad
y respeto en la socialización de los hijos.
Bibliografía
Vaquiro S, Stiepovich J. Cuidado informal, un reto
asumido por la mujer . Cienc. enferm.
[revista en Internet]. 2010 Agosto.
[acceso 8 de octubre de 2014]; 16(2):
17-24. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-95532010000200002&script=sci_arttextPatricia Palacios Carretero

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