Romero Cabrera AJ. Fragilidad y
enfermedades crónicas en los adultos mayores. Rev Med Int Mex. 2011; 27(5):
455-62.
La
fragilidad y las enfermedades crónicas son variables sumamente importantes en la
trayectoria de la salud de una persona anciana. Por ello, el objetivo de esta
bibliografía es analizar las posibles relaciones que pueden existir entre ambos
procesos.
La
fragilidad puede originarse por la disminución de la reserva fisiológica del
organismo debido a la insuficiencia sistémica como consecuencia del
envejecimiento; por ejemplo, una persona de edad avanzada puede entrar en el
ciclo de la fragilidad a través de la disfunción de varios sistemas de órganos
debido a una o más enfermedades crónicas. Se puede identificar en este hecho
como una enfermedad crónica puede contribuir en el desarrollo del síndrome
frágil; a la vez éste también puede condicionar la aparición de mayor
vulnerabilidad y complicaciones en aquellos que padecen enfermedades crónicas.
De este modo es fundamental identificar la distinción entre fragilidad
primaria, causada por el declive fisiológico sistémico asociado únicamente al
envejecimiento; y fragilidad secundaria, aquella que se encuentra asociada con
enfermedades o incluso con discapacidad.
Son
diversos los sistemas de órganos que están involucrados en la afección de la
reserva fisiológica, pero se expresa fenotípicamente en el sistema
músculo-esquelético donde existen dos aspectos de consideración especial: la
sarcopenia y la osteopenia. Debido a la búsqueda de asociación entre el
síndrome de fragilidad y las enfermedades crónicas presenta gran interés la
presencia de sarcopenia patológica, aquella que se relaciona con enfermedades
crónicas que generan caquexia, como: cáncer, tuberculosis, enfermedad pulmonar
obstructiva crónica, insuficiencia cardiaca congestiva, entre otras.
Durante
los últimos años se ha descrito una asociación importante entre diabetes
mellitus y fragilidad. La insulinorresistencia es un predictor de fragilidad y
la diabetes mellitus acelera la sarcopenia y la disminución de la fuerza
muscular. Encontramos otros claros ejemplos, en la insuficiencia cardiaca y la
enfermedad pulmonar obstructiva crónica, dichas enfermedades pueden contribuir
a la declinación funcional y a la fragilidad en las personas de edad avanzada
al afectar el aporte de oxígeno al tejido muscular.
Los
resultados de varios estudios documentan el mal pronóstico del síndrome frágil
por el aumento de la vulnerabilidad que se produce, como consecuencia la
existencia de fragilidad asociada con las enfermedades crónicas acelera el
curso y empeora el pronóstico de estas últimas. De forma general se puede
afirmar, por lo tanto, que la fragilidad y las enfermedades crónicas que acompañan
al envejecimiento pueden ocurrir en paralelo pero indiscutiblemente guardan una
relación biunívoca entre ellas en cuanto a mecanismos patogénicos, curso y pronóstico.
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