FARMACOLOGÍA EN EL ANCIANO
Estadísticamente, desde la década de los 60 está
habiendo un aumento significativo en el número de ancianos en todo el mundo y
el consumo de medicamentos por esta población acompaña esta tendencia. Los
ancianos forman el grupo etario más medicado en la sociedad y esto se debe
principalmente al aumento de la prevalencia de enfermedades crónicas con la
edad.
Diferentes estudios evaluando el uso de medicamentos
constataron que, además de la utilización de un gran número de especialidades
farmacológicas entre los ancianos, hay prevalencia del uso de determinados
grupos de medicamentos, como analgésicos, antiinflamatorios y psicotrópicos.
Los ancianos llegan a constituir el 50% de los usuarios. Es común encontrar en
sus prescripciones dosis e indicaciones inadecuadas, interacciones
medicamentosas, asociaciones y redundancias (uso de fármacos pertenecientes a
una misma clase terapéutica) y medicamentos sin valor terapéutico. Tales
factores pueden generar reacciones adversas a los medicamentos (RAM), algunas
de estas graves y fatales.
La actualización de las informaciones de la
farmacología en cuanto relativas a pacientes ancianos se valora mediante tres
factores principales: primeramente, el crecimiento demográfico;
particularmente, la expansión continua del número de personas mayores de 75
años, con mayores necesidades de cuidado con la salud, incluyendo terapéuticas
medicamentosas.
En segundo lugar, el aumento del consumo de drogas por
pacientes ancianos es proporcionalmente mayor. Investigaciones de la Asociación
de la Industria Farmacéutica Británica mostraron que de los 315 millones de
fármacos vendidos, entre un 35-40% eran para pacientes ancianos, que
corresponde cerca del 15% de la población total.
En tercer lugar, con el aumento de la edad, hay un
crecimiento aparentemente descontrolado de la susceptibilidad de presentar
reacciones adversas. Eso ocurre especialmente con determinados grupos de drogas
con diversas acciones sobre el sistema nervioso central y sobre el sistema
cardiovascular.
Los fármacos de uso continuo son aquellos usados para
el tratamiento de hipertensión arterial, diabetes mellitus
o problemas mentales y factores que puedan estar asociados.
Arey y cols. (1985) descubrieron que entre los
medicamentos más consumidos para individuos mayores de 55 años, están los
antihipertensivos, diuréticos, analgésicos, antiinflamatorios, ansiolíticos y
los vitamínicos. Según Almeida y cols. (1999), del total de medicamentos
prescritos; el 32% eran para problemas cardiovasculares y el 24% para
trastornos neuropsiquiátricos.
Actualmente existe informacion suficiente sobre la
mayoría de las drogas para auxiliar a los profesionales de la salud que las
prescribieron a decidir sobre la mejor terapia para pacientes ancianos.
Frecuentemente la dosis de los medicamentos es reducida, especialmente para la
digoxina. Sin embargo, dosis inapropiadas de algunos compuestos, por ejemplo
antiparkisonianos, I- bloqueadores, hipnóticos y antidepresivos son aun
comúnmente prescritas. También se realizan prescripciones con dosis complejas
cuando una dosis simple diaria administrada una o dos veces al día sería
suficiente y satisfactoria.
Algunos de los trastornos relativos al uso prolongado
de medicamentos pueden comprometer o agravar el estado general de salud de un
individuo, alterado por los procesos patológicos y/o los cambios fisiológicos
propios de la edad. En el caso de las interacciones medicamentosas, algunas
complicaciones en el estado de salud de los ancianos se deben a la utilización
de drogas psicotrópicas (que estimulan el apetito, pudiendo llevar a una
ganancia de peso); por el uso del ácido acetilsalicílico (por alterar la
sensibilidad gustativa); por la utilización de laxantes (pueden causar
esteatorrea y pérdidas de calcio y potasio); o por el consumo de antiácidos
(por disminuir la absorción de hierro).
Las interacciones farmacológicas son causas comunes de
morbilidad y mortalidad, y sus consecuencias aún no están bien caracterizadas
en la comunidad.
La asociación de medicamentos, que es
prevalente en pacientes ancianos, puede causar serias consecuencias. Las
interacciones de drogas son más comunes y pueden ser evitadas con medidas
simples de vigilancia constante. Lo ideal sería que todas las prescripciones
fueran realizadas por el mismo profesional. En caso contrario es importante la
comunicación entre el hospital y otros profesionales que realizan las
prescripciones, incluyendo una lista completa de las drogas y dosis prescritas.
Cerca de la mitad de los individuos con más de 70 años reciben prescripciones
medicamentosas repetidas. Las drogas para el sistema cardiovascular y las
drogas psicotrópicas pueden ser citadas como ejemplo de tales prescripciones y
son causas de reacciones adversas en ancianos.
Además de las fallas en las
prescripciones, también existe la costumbre de la automedicación. Almacenar
medicamentos en casa es prácticamente un hábito universal, principalmente entre
personas de la tercera edad. El estudio realizado por Mosegui y cols. (1999)
(34) indicó que, entre los productos comprados sin prescripción, los más
frecuentes fueron: analgésicos (3,8%), vitaminas (2%), relajantes musculares
(1,1%), antiácidos, antiulcerosos y antiflatulentos (0,9%), laxantes (0,8%),
antireumáticos y antiinflamatorios (0,6%).
La no colaboración por parte del
paciente es un gran problema, no obstante, no es específico de pacientes
ancianos. Ellos tienden a administrarse una dosis más alta de medicamento
erróneamente, creyendo que tendrá un mayor efecto terapéutico o que inducirá
más rápidamente a la cura, haciendo que determinadas drogas pierdan su
efectividad en el futuro; o también haciendo automedicación con drogas
preparadas con mayor concentración.
La falta de adherencia al tratamiento
puede ser facilitada por medio de instrucciones claras, por escrito, si es
necesario, y por una posología sencilla. Se debe considerar también la
capacidad del paciente para leer el rótulo, abrir el frasco, o administrar los
fármacos. Calendarios o avisos en los propios remedios reducen la probabilidad
de errores. Asimismo la colaboración en cuanto a la administración de los
medicamentos prescritos puede verificarse fácilmente por la inspección de los
frascos de remedios durante una consulta.
BIBLIOGRAFÍA:
Filié Haddad Marcela, Satie Takamiya Aline, Martins da Silva
Eulália Maria, Barros Barbosa Débora. Farmacología en la tercera edad:
medicamentos de uso continuo y peligros de la interacción medicamentosa.
Gerokomos [revista en la Internet]. 2009 Mar [citado
2014 Dic 23] ; 20(1): 22-27. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1134-928X2009000100004&lng=es.
http://dx.doi.org/10.4321/S1134-928X2009000100004.
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