.

.

martes, 20 de enero de 2015

FARMACOLOGÍA EN EL ANCIANO

Estadísticamente, desde la década de los 60 está habiendo un aumento significativo en el número de ancianos en todo el mundo y el consumo de medicamentos por esta población acompaña esta tendencia. Los ancianos forman el grupo etario más medicado en la sociedad y esto se debe principalmente al aumento de la prevalencia de enfermedades crónicas con la edad.
Diferentes estudios evaluando el uso de medicamentos constataron que, además de la utilización de un gran número de especialidades farmacológicas entre los ancianos, hay prevalencia del uso de determinados grupos de medicamentos, como analgésicos, antiinflamatorios y psicotrópicos. Los ancianos llegan a constituir el 50% de los usuarios. Es común encontrar en sus prescripciones dosis e indicaciones inadecuadas, interacciones medicamentosas, asociaciones y redundancias (uso de fármacos pertenecientes a una misma clase terapéutica) y medicamentos sin valor terapéutico. Tales factores pueden generar reacciones adversas a los medicamentos (RAM), algunas de estas graves y fatales.
La actualización de las informaciones de la farmacología en cuanto relativas a pacientes ancianos se valora mediante tres factores principales: primeramente, el crecimiento demográfico; particularmente, la expansión continua del número de personas mayores de 75 años, con mayores necesidades de cuidado con la salud, incluyendo terapéuticas medicamentosas.
En segundo lugar, el aumento del consumo de drogas por pacientes ancianos es proporcionalmente mayor. Investigaciones de la Asociación de la Industria Farmacéutica Británica mostraron que de los 315 millones de fármacos vendidos, entre un 35-40% eran para pacientes ancianos, que corresponde cerca del 15% de la población total.
En tercer lugar, con el aumento de la edad, hay un crecimiento aparentemente descontrolado de la susceptibilidad de presentar reacciones adversas. Eso ocurre especialmente con determinados grupos de drogas con diversas acciones sobre el sistema nervioso central y sobre el sistema cardiovascular.
Los fármacos de uso continuo son aquellos usados para el tratamiento de hipertensión arterial, diabetes mellitus o problemas mentales y factores que puedan estar asociados.
Arey y cols. (1985) descubrieron que entre los medicamentos más consumidos para individuos mayores de 55 años, están los antihipertensivos, diuréticos, analgésicos, antiinflamatorios, ansiolíticos y los vitamínicos. Según Almeida y cols. (1999), del total de medicamentos prescritos; el 32% eran para problemas cardiovasculares y el 24% para trastornos neuropsiquiátricos.
Actualmente existe informacion suficiente sobre la mayoría de las drogas para auxiliar a los profesionales de la salud que las prescribieron a decidir sobre la mejor terapia para pacientes ancianos. Frecuentemente la dosis de los medicamentos es reducida, especialmente para la digoxina. Sin embargo, dosis inapropiadas de algunos compuestos, por ejemplo antiparkisonianos, I- bloqueadores, hipnóticos y antidepresivos son aun comúnmente prescritas. También se realizan prescripciones con dosis complejas cuando una dosis simple diaria administrada una o dos veces al día sería suficiente y satisfactoria.
Algunos de los trastornos relativos al uso prolongado de medicamentos pueden comprometer o agravar el estado general de salud de un individuo, alterado por los procesos patológicos y/o los cambios fisiológicos propios de la edad. En el caso de las interacciones medicamentosas, algunas complicaciones en el estado de salud de los ancianos se deben a la utilización de drogas psicotrópicas (que estimulan el apetito, pudiendo llevar a una ganancia de peso); por el uso del ácido acetilsalicílico (por alterar la sensibilidad gustativa); por la utilización de laxantes (pueden causar esteatorrea y pérdidas de calcio y potasio); o por el consumo de antiácidos (por disminuir la absorción de hierro).
Las interacciones farmacológicas son causas comunes de morbilidad y mortalidad, y sus consecuencias aún no están bien caracterizadas en la comunidad.
La asociación de medicamentos, que es prevalente en pacientes ancianos, puede causar serias consecuencias. Las interacciones de drogas son más comunes y pueden ser evitadas con medidas simples de vigilancia constante. Lo ideal sería que todas las prescripciones fueran realizadas por el mismo profesional. En caso contrario es importante la comunicación entre el hospital y otros profesionales que realizan las prescripciones, incluyendo una lista completa de las drogas y dosis prescritas. Cerca de la mitad de los individuos con más de 70 años reciben prescripciones medicamentosas repetidas. Las drogas para el sistema cardiovascular y las drogas psicotrópicas pueden ser citadas como ejemplo de tales prescripciones y son causas de reacciones adversas en ancianos.
Además de las fallas en las prescripciones, también existe la costumbre de la automedicación. Almacenar medicamentos en casa es prácticamente un hábito universal, principalmente entre personas de la tercera edad. El estudio realizado por Mosegui y cols. (1999) (34) indicó que, entre los productos comprados sin prescripción, los más frecuentes fueron: analgésicos (3,8%), vitaminas (2%), relajantes musculares (1,1%), antiácidos, antiulcerosos y antiflatulentos (0,9%), laxantes (0,8%), antireumáticos y antiinflamatorios (0,6%).
La no colaboración por parte del paciente es un gran problema, no obstante, no es específico de pacientes ancianos. Ellos tienden a administrarse una dosis más alta de medicamento erróneamente, creyendo que tendrá un mayor efecto terapéutico o que inducirá más rápidamente a la cura, haciendo que determinadas drogas pierdan su efectividad en el futuro; o también haciendo automedicación con drogas preparadas con mayor concentración.
La falta de adherencia al tratamiento puede ser facilitada por medio de instrucciones claras, por escrito, si es necesario, y por una posología sencilla. Se debe considerar también la capacidad del paciente para leer el rótulo, abrir el frasco, o administrar los fármacos. Calendarios o avisos en los propios remedios reducen la probabilidad de errores. Asimismo la colaboración en cuanto a la administración de los medicamentos prescritos puede verificarse fácilmente por la inspección de los frascos de remedios durante una consulta.

BIBLIOGRAFÍA:

Filié Haddad Marcela, Satie Takamiya Aline, Martins da Silva Eulália Maria, Barros Barbosa Débora. Farmacología en la tercera edad: medicamentos de uso continuo y peligros de la interacción medicamentosa. Gerokomos  [revista en la Internet]. 2009  Mar [citado  2014  Dic  23] ;  20(1): 22-27. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1134-928X2009000100004&lng=es.  http://dx.doi.org/10.4321/S1134-928X2009000100004.

No hay comentarios:

Publicar un comentario