BIBLIOGRAFÍA 8. SEXUALIDAD EN LA VEJEZ.
Herrera A. Sexualidad en la vejez ¿mito o realidad?. Rev Chik Obstet Ginecol 2003; 68(2):
Pág 150-162.
He seleccionado este artículo porque en él se destacan algunos aspectos relevantes sobre el tema de la sexualidad de las personas mayores, con el ánimo de contribuir a un cambio sobre la mentalidad que tenemos de esta dimensión del ser humano, desmitificando la sexualidad de las personas mayores. En definitiva, me ha perecido de gran interés la idea general del texto, generar cambios que estimulen una forma satisfactoria de envejecer.
La
sexualidad es y ha sido una de las áreas del comportamiento humano más
desconocida y en la que aún prima muchas veces la anécdota sobre el
conocimiento científico. Y si esto es cierto a cualquier edad lo es,
especialmente en personas de edad avanzada. La mera existencia de
manifestaciones sexuales de cualquier tipo en los ancianos es sistemáticamente
negada, rechazada o dificultada por gran parte de la sociedad.
En
nuestra sociedad existe un escaso conocimiento sobre este tema, incluso dentro
de los profesionales sanitarios. Las creencias y conceptos erróneos se
manifiestan incluso en las historias clínicas donde no se recogen datos sobre
la actividad sexual. Esto, explicado erróneamente en algunos casos, por el
supuesto de que los ancianos son sexualmente inactivos; y en otros, debido a la
incomodidad de formular las preguntas o el temor de no poder responder
adecuadamente a las dudas que plantee el paciente mayor en este tema.
En
una sociedad que está envejeciendo progresivamente, la sexualidad debería
permanecer en una dimensión afectiva, sentimental y relacional durante todo el
curso de la existencia, en el respeto del cuerpo y a los aspectos peculiares
presentes en cada fase de la vida.
Desde
hace algunos años estamos asistiendo a un proceso de transición demográfica que
obligadamente se debe acompañar de un proceso de revisión de la "cultura
de la senilidad" donde se incluye también la variable de la sexualidad.
Estamos, además, en la era del reciclaje: todo se recicla, incluso la vejez.
Pero, en el área de la sexualidad está el peligro de "reciclar al viejo en
un falso (e imposible) joven" con mitos y estereotipos sexuales basados en
la prestación, la eficiencia y en la capacidad de identificarse con un joven
con prodigiosas capacidades sexuales; concepto muy opuesto al antiguo que
relacionaba la sexualidad con la procreación y consideraba al anciano como
asexuado quedando excluido debido a la ineficiencia dada por la infertilidad.
Pareciera que entre estos dos extremos, la sexualidad negada o la sexualidad
impuesta no pudiera existir una imagen sexual en la que los componentes
físicos, psicológicos y sociales se combinaran armoniosamente para crear una
modalidad sexual específica que acompañe esta etapa de la vida.
En
la sociedad contemporánea el anciano, por el hecho de serlo, presenta más
indefensión, y en el plano estricto de la sexualidad, la sociedad también le es
hostil.
En
efecto, el proceso de envejecimiento da lugar a una mayor fragilidad orgánica,
a un aumento de la vulnerabilidad frente a las enfermedades y en general a
cualquier tipo de agresión.
Además,
el proceso de envejecer se caracteriza por ser la única edad que no introduce a
otro ciclo de la vida y por ser el momento más dramático de la existencia: la
etapa de "las pérdidas" y de "los temores". Pérdidas de todo tipo que se producen en esta
etapa de la vida: del papel productivo, de la capacidad laboral, posibilidad de
perder la pareja, los amigos, los hijos, disminución de eficiencia física y de
la independencia psicológica, etc.
Temores: temor a la soledad,
al aislamiento, a la incomprensión, a la falta de recursos económicos, a la
discapacidad, a la fragilidad, a la dependencia.
A
esto se suma que en esta etapa se experimentan sentimientos contradictorios
frente a la sexualidad y los temas relacionados con ésta evocan actitudes y
reacciones muy distintas. Todo lo anterior sitúa al anciano, como individuo y
como colectivo, en una posición de evidente debilidad (Herrera A., comunicación
personal).
Todos
los prejuicios sociales castigan al anciano, privándolo de su derecho a
mantener su actividad sexual satisfactoria. Esto, sumado a los cambios
producidos por el envejecimiento en la sexualidad y a la dificultad o falta de
interés por estudiarla, nos lleva a una gran ignorancia en el tema, hacen que
parezca hasta "improcedente" plantear siquiera la posibilidad que los
Adultos Mayores (AM) vivan su propia vida sexuada. La gran mayoría de la
sociedad e incluso gran parte de los profesionales sanitarios parecen pensar
que el anciano es un "ser asexuado".
Fernández
Avellaneda, Patricia.
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